jueves, 19 de mayo de 2011

Capítulo 9: Bombucha, el bombero gigante.

—Uy, Chicas. Llegó el bombonazo de Edu —dijo uno de los bomberos homosexuales y todos comenzaron a gritar. Edward miró para otro lado como haciéndose el boludo, pero me di cuenta de que era medio marica en verdad y se había comido un par de choripanes en aquel boliche.
—Estamos aquí para encontrar el disco perdido. Necesitamos que nos guíen —dije con determinación y todos se pusieron serios. La música se apagó de repente y el más alto de los bomberos se adelantó unos pasos y me miró con atención.
—Para ello debes acabar con Bombucha —exigió y se corrió a un costado, como sabiendo que algo se acercaba. Permanecí callada y pronto un pequeño temblor comenzó a perturbar mis pies.
—Bueno, Helena. Espero a que termines y después seguimos con la misión, ¿Dale? —dijo Edward y yo me di la vuelta confundida, pero éste había desaparecido. Hijo de puta.
Cuando me enderecé nuevamente lo vi; era enorme. Sus 3 brazos se movían de forma extraña, parecían salchichas gigantes marcadas con sutiles líneas peludas, y su barra de vida era increíblemente alta. Su rostro era atroz, asqueroso. Las cicatrices de su cuerpo parecían no poder cerrarse con facilidad; eran tirantes y cada pierna era como la de un elefante… o como tres elefantes.
—Mierda —dije y pronto el bicho gigante gritó como un Nazgul (-30 de agilidad).

Entonces saqué mi consolador mágico y mi tarjeta y llamé a mis padrinos.
—¡Hola! ¡Somos Cosmic y Wandy! —dijeron los padrinos como si estuviesen en un programa para pendejos pelotudos y yo les grité:
—¡¡¡¡Quiero una espada!!!!!!! DALE!
Y entonces el bicho gigante le dio una trompada a Cosmic, el cual salió volando y se estampó contra un parlante, quedando inconciente.
—¡Espadus Jedis! — esclamó Wandy y mi consolador se transformó en una espada laser.
—Ahora si, gordo hijo de puta, —sentencié y le metí la espada por el estómago…
…Y soltó caramelos. Miles de caramelos comenzaron a volar por el aire, y los bomberos empezaron a gritar de felicidad, peleándose entre ellos para agarrar dulces, todos con esa actitud digna de un marica.
—¿Qué carajo? —dije y guardé mi espada. Entonces el bombero alto se me acercó y me susurró al oído que lo siguiera.
Caminamos por un pasillo pequeño, con tenues luces rojas, y justo cuando estábamos por adentrarnos en la última puerta, Edward sale de una habitación sin su remera y con la boca manchada de una extraña sustancia blanca.
—Hola, Helena. Estaba jugando con unos amigos, pero ya terminé —dijo y se vistió. — ¿Te fue bien con Bombucha? Lo mataste rápido.
Lo miré con cara de orto y abrí la última puerta del pasillo.

lunes, 16 de mayo de 2011

Capítulo 8: Los bomberos locos nazis del futuro

Fue así como todo empezó. Yo estaba sorprendida, casi en shock, pero pronto Edward me tomó de la mano y me dijo al oído:
—Debemos irnos, joven princesa. La leyenda dice que una de las criaturas se encuentra debajo del río.
Su voz me estremecía y me ofuscaba las neuronas. Era como si su presencia les metiese un petardo en el orto a mis hormonas.
—E-está bien. —respondí y me subí nuevamente a su caballo.
Salimos del castillo por la misma puerta loca esa y pasamos frente a todos nuevamente, con aquel aire superior que toda chica de mi edad quiere tener. Salimos por la puerta trasera del reino y cabalgamos a paso de hombre unas cuantas horas.
—Este es el río Guask, en donde viven los demonios más estremecedores —advirtió Edward y bajó del caballo. —Es tiempo de pasar a través de ella y encontrar el primer disco.
—Espera, gran Edward. ¿Por qué Cosmic y Wandy siguen volando detrás nuestro pero no dicen nada? —pregunté mientras me agarraba de Edward para bajar.
—Es que el narrador se olvidó de esos personajes… —respondió y al bajarme me dio una tarjeta. —Esta es la carta de invocación, con ella podrás llamar a tus padrinos siempre que quieras. —dijo y la tomó nuevamente. —Te mostraré cómo hacerlo. —Y entonces tomó el consolador que me había regalado y que tenía en el bolsillo y pasó la tarjeta por él. Éste hizo un pequeño pitido y Edward dijo con fuerza: “¡CONFÍO EN MIS CARTAS!” y los padrinos mágicos desaparecieron así nomás.
—Ah re loco. ¿Y ahora qué hacemos? —pregunté y Edward me miró sorprendido.
— ¿Qué? ¿ No sabés separar las aguas? Creí que Moisés te había enseñado eso en el Purgatorio… Puta madre. —dijo enojado y comenzó a pasear de lado a lado.
Pasaron varios minutos, yo me quedé pelotudeando con el ipod que me había comprado en el reino mientras mi amado caminaba en silencio.
—¡Ya sé! —dijo Edward y sacó su celular. —¿Hola? ¿Qué hacé, negro? Cuchame, tengo un problema acá en el río, venite rápido.
Al poco tiempo de cortar una gran oleada se acercó desde lo lejos. El agua se movía en grandes cantidades, como si una criatura envistiera con gran fuerza el río. Me sorprendí, pero al ver la cara de seguridad de Edward me tranquilicé. El agua se detuvo justo delante nuestro, y de ella salió un hombre.
—Hola, soy el hombre acuático —dijo por fin y me dio la mano. —Yo los voy a llevar a donde está el disco, pero temo que en cuanto estemos en la puerta del templo voy a tener que abandonarlos, ya que horribles demonios hay en su interior. —Se paró entonces frente a mí y me dio una máscara de oxígeno.
Miré entonces a Edward como diciendo: “Podríamos haber comprado las máscaras nosotros, pelotudo, este tipo no nos ayuda demasiado”.
Y él me respondió por telepatía: “No me putees, hija de puta, que escucho lo que pensás.”
Entonces me quedé enmudecida y me puse la máscara sin decir nada más.
Así fue como viajamos por los confines del río. Estuvimos casi 5 minutos, pues el río tenía alrededor de 3 metros de altura nomás, y el templo parecía un boliche nocturno más que algo sagrado.
—Bueno, acá los dejo. Un gusto volver a verte, Edward —dijo el hombre acuático y se fue nadando.
—Llegamos, joven Helena. Es tiempo de entrar. —dijo Edward y me tomó de la mano.
—¡Pará! Me olvidé los documentos —respondí con cara de preocupación y el vampiro me sonrió.
—No te hagas problema, yo te hago pasar —susurró a mis oídos y me agarró con fuerza. Al llegar a la puerta del templo-boliche dijo unas palabras locas en hebreo y los tipos nos dejaron pasar. Fue entonces cuando pude ver las pesadillas del hombre acuático: los bomberos locos nazis del futuro.

sábado, 14 de mayo de 2011

Capítulo 7: Mufasta, el Rey León

Fue entonces cuando me di cuenta, al rozar mi mano sin querer con su brazo, que lo rodeaba un intenso frío en la piel, recubriéndolo, un frío que perturbaba tanto como un inodoro en invierno. Sin embargo, su temperatura no hacía más que acrecentar mi excitación y atracción hacia él y hacia el hermoso panorama que se extendía de lado a lado. Entonces cerré los ojos y me quedé dormida.
—Joven Helena, niña elegida, hemos llegado al reino de los hombres. Hemos llegado a Isengord. —dijo Edward despertándome de mi sueño y pasé mi rostro por sobre su hombro. Fue en ese momento en donde todo cobró sentido para mí. Fue aquel reino el que puso punto final a mi antigua vida y me trajo consigo nuevas aventuras.
—Es hermoso —musité mientras observaba las elevadas murallas que se erigían frente a mí. Una gran entrada nos abría el camino y unos amables guardias, vestidos con armaduras plateadas, nos miraban y sonreían de alegría, como si esperasen mi llegada.
—¡Gloria a la elegida, gloria a la prosti! —gritaron los guardias cuando pasamos a su lado y yo los miré confundida.
—¿Prosti? —pregunté en un susurro a Edward mientras me acurrucaba en su espalda y observaba a la gente que pasaba, quienes me devolvían la mirada con entusiasmo.
—Ese es el nombre de nuestra primera salvadora, que en los años de las Guerras Del Hoyo enfrentó a los pulpos espaciales. Tu vendrías a ser su encarnación para esta gente.
— Fah, cómo fuman faso acá, eh. —respondí y cerré los ojos para escuchar el cantar de las palomas y el susurrar del viento. Pero no pasó mucho tiempo hasta que unos jinetes nos rodearon gentilmente.
—Señores, debemos escoltarlos hasta el castillo real de Mufasta. Es importante que nos sigan —dijeron los hombres y caminaron junto a nosotros. Eran altos, fuertes, con largas espadas en sus envaines.
Al llegar al castillo, el cual no tenía puerta ni manera de entrar, uno de los hombres se bajó de su caballo y comenzó a recitar unas palabras locas. Como resultado, una puerta apareció de la nada y se abrió de par en par.
—No tenían guita para construir una puerta posta… —acotó Edward mientras marchaba con su caballo hacia el castillo. Y al entrar me bajé con ayuda de los caballeros y caminé por la alfombra roja que se extendía hasta el pedestal del rey.
—Veo que hay traído a la elegida. Buen trabajo —dijo una voz grave, que retumbó por todo el recinto, y una gran figura se asomó desde la oscuridad. Tenía la apariencia de un León, pero era más grande, con una melena roja y un color amarillento que delataba su pura casta.
—Soy Mufasta, el rey león—dijo y se sentó frente a mí. —En tu viaje pudiste observar la belleza de mi mundo, pero has de saber que todo lo que toca la luz es mi reino, y como tal deberá ser respetado por ti.
—Lo que digas, viejo. ¿Y si encuentro un lugar de sombras? —pregunté y me crucé de brazos. Él gruño y me dio la espalda.
—Nunca debes ir a allí, Helena. —respondió de forma severa y se sentó nuevamente —Es tiempo de marchar hacia tu misión.
—¿Y cuál es esa? —pregunté y levantó su cabeza, siempre dándome la espalda.
—Debes encontrar a las 150 criaturas encerradas en sus discos y liberarlos para conseguir el poder que necesitas. —sentenció y se alejó del recinto con paso cerrado.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Capítulo 6: Mundo Idea

Entonces cerré los ojos y todo volvió a la normalidad al abrirlos. Allí estaba yo, en mi habitación, frente a los seres mágicos del Nunca Jamás.
—Al menos soy una bella dama esta vez —dijo una voz muy parecida a la mía a mis espaldas y giré con brusquedad. Entonces me ví a mí misma, como si un espejo gigante estuviese frente a mí, y mi sombra me miraba con una malévola sonrisa. —La última vez que fui la copia de alguien quedé disgustada por su deformidad. Pero tu eres bella. —dijo y giró su cabeza como si yo estuviese completamente loca.
—WOOOOOOOOOOWW CHABÓN!!! QUÉ LIMADO!!! —Dije emocionada y miré a mis padrinos —¡No voy a tener que ver más al gordo pedorro de mi viejo! —y miré nuevamente a mi copia —¿Pero vas a poder actuar sin que se den cuenta de que no sos yo?
—Vos fumá. Ya sé todo de vos: Que sos de Racing, que te gusta mirarte al espejo y hacer cara de pelotuda, que te bañás con jabón día por medio, que cada vez que pensás en un hombre te metés la m…
—Bueno, listo. Ya entendí —musité sonrojada y giré nuevamente hacia mis padrinos. —¿Ahora cómo sigue esto? —pregunté y ellos me sonrieron.
—Es hora de elegir la pastilla. ¿Cosmic? —dijo Wandy como en una orden y el peliverde sacó dos píldoras; una de color rojo y una azul. —Elegí. Una es de frutilla y la otra de uva.
Las miré con determinación, sin saber cuál elegir. Pasé mi vista por la píldora roja y pronto recordé la primera vez que rompí mi himen con el cepillo de diente. El recuerdo me excitó, pero también pude memorar , gracias a la píldora azul, aquella tarde en la que rompí mi himen con las llaves de la casa. Fue entonces cuando entré en una gran confusión ¿Acaso fueron las llaves o el cepillo de dientes?
—Dale pelotuda, dejá de pensar en forreadas y agarrá una píldora. —dijo Wandy y me pegó en la cabeza.
—¡YA VA, HIJA DE PUTA! —grité y agarré las dos píldoras y me las metí en la boca —¿Y ahora?

ASODNOAFUNISUDANSDDDDDDDDDDDDDDUFFFFFFFFFFFFFFF PLAFFFF ASIOASD (No tengo otra forma de describirlo)

Y aparecí en el mundo Idea, un pastizal que se extendía hacia el horizonte de formas tan geométricamente incalculables que ni sé qué carajo estoy diciendo. Sin embargo, al mirar para adelante y lo vi a él, en un hermoso caballo blanco, esperándome; Edward Potter, el más hermoso de los hombres.
—Buenos días, noble Helena. Seré tu acompañante hasta el reino de los hombres. Subite a mi caballo, baby —dijo y me guiñó el ojo. Yo le sonreí así mal y me agarré de su espalda lo más fuerte posible. Los padrinos sobrevolaban los cielos a nuestras espaldas, siguiéndonos, y yo sentía el calor de mi amado en el rostro.
—Edward Potter, ¿Cómo es que todos estos años has estado escondiéndome tal secreto? —pregunté de forma honorable mientras cabalgábamos lentamente por un camino pedregoso.
—Es que no podemos hablar de nuestros secretos ni usar nuestros poderes en el mundo de los mortales. —respondió con alegría. Sus cabellos dorados brillaban con la luz radiante de aquel mundo.
—¿Y cuál es el poder con el que usted honra estas tierras? —pregunté con ansiedad y me apreté con mayor fuerza todavía.
—Soy un vampiro mago —dijo por fin y mis pensamientos dieron un vuelco.

lunes, 9 de mayo de 2011

Capítulo 5: Bucéfalo, el del pene grande.

—Debes dejar que se acabe todo tu Chakra. ¡Es la única forma de conseguir que el demonio de tu interior despierte! —gritó Wandy y se alejó de mí.
Al rato comencé a temblar, como si los límites que separaban mi cuerpo del exterior comenzaran a romperse y una extraña energía surgiese de adentro de mi alma como una prisión que se abría y dejaba libre a una criatura nunca antes vista.
—Debes soportar el dolor de parto, pequeña Helena. Esto es mucho peor que la menstruación —susurró Cosmic dentro de mi mente de alguna extraña manera mientras se desataba en mi interior una lucha por la supervivencia. Los seres mágicos se arrodillaron; Wandy detrás de mí y Cosmic adelante. Ambos pusieron sus manos sobre el suelo y unas extrañas líneas comenzaron a surgir. El dolor era penetrante y acongojador, pero no podía moverme para escapar.
—¡Hoy debe despertar la criatura elegida! ¡Es la hora de tu resurrección: Pegaso! —gritaron los padrinos a la vez y una luz enceguecedora nubló mi visión por un largo rato.
En toda esa nebulosa de rayos catódicos de la san puta lo único que pude hacer es escuchar el rechinar de un caballo; un rechinar oscuro y salvaje. Y cuando todo se volvió claro lo vi: era un caballo oscuro, más oscuro que el Riachuelo, y en su rostro se veían las cicatrices más horrendas. Su musculatura era descomunalmente perfecto y su tamaño era óptimo, perfecto para mí, más sus alas, llenas de un plumaje extraño, causaban una extraña impresión de vértigo.
—¡Holy Shit! —dije y me quedé paralizada.
—Soy Bucéfalo, el legendario pegaso de Alejandro Magno. Fui encerrado en tu cuerpo hace más de dos mil años luego de la Batalla de Hidaspes en manos de Darío III. —musitó y se acercó a mí. —Todo comenzó en el momento en que Darío estaba por morir…
—Ah ya, no me importa tu historia de mierda —comenté interrumpiendo su monólogo molesto. —¿Qué carajo significa que estuviste en mi cuerpo dos mil años? —pregunté seriamente y pasé mis manos por sus alas mientras caminaba a su alrededor
—Tu cuerpo ha estado encerrado en el purgatorio durante miles de años, esperando nacer. Dios te ha mantenido ahí para convertirte en la soldado perfecto de su ejército, un alma completamente purificada, utilizada para destruir los otros mundos en aras de proteger la realidad del hombre. —respondió el caballo negro sucio y rechinó —Sin embargo, esto no es más que una paranoia de Dios, una paranoia creada en el momento exacto del séptimo día de su descanso, una vez que se dio cuenta de la cagada que se mandó al crearlos, y como se creía re perfecto, lo mejor que hizo su mente fue condenarlo a pensar que ustedes era su creación más perfecta.—Sus palabras eran claras, penetrantes, envainadas de boludeces más allá de lo razonable. —Pero en cuanto Darío me encerró en tu cuerpo todo cambió; ahora podemos derrotar al ejército de Dios que quiere acabar con la vida en el mundo Idea.
—Qué argumento de mierda tiene esta historia, pero bueno, dale. ¿Entonces qué debo hacer? —pregunté y todos me miraron con impaciencia.
—Eso lo sabrás luego, ahora utiliza mi energía para multiplicarte en la realidad del hombre y luego zarpemos hacia el infinito y más allá.

domingo, 8 de mayo de 2011

Capítulo 4: El inconciente

Y así fue como entrenamiento empezó. Primero Cosmic se revoloteó sobre mí y lanzó un extraño polvo brillante. Luego, Wandy me dio una extraña semilla y exigió que me la trague con rapidez.
—Es necesario un poco de polvo mágico y una semilla del ermitaño para acelerar el proceso —dijo Wandy y se paró frente a mí. Una extraña sensación me recorría el cuerpo, como un si espíritus animales transitaran el corazón y bombardearan torrentes de energía por mis venas —Es tiempo de que te concentres. Imagina esto: La realidad en la que vives no es más que una sombra, una formación dentro de una realidad superior que todo lo contiene.
Cerré los ojos y me dejé llevar por las ideas, pero no sentía absolutamente ningún cambio.
—La comida no sabe igual, los hombres no son iguales, los lugares no son lo mismo. Y luego te das cuenta de que este mundo, esta matriz de datos que se compone de cosas irreales, no tiene límites en tu cuerpo. Tu mente controla lo que haces en este mundo y puedes destruir todas las barreras de tu accionar.
La escuchaba con atención, pero como me parecía tan pelotudo lo que decía empecé a pensar en Edward Potter y un brebaje excitatorio se apoderó de mí.
— Che, no te está escuchando la forra esta. Está pensando en cualquier cosa —dijo Cosmic y se acercó a mi oído con delicadeza. —Todos tus deseos y proyectos de ésta vida no son más que fugaces destellos de una mente atrapada en otro mundo. Éste mundo es el que anhela tu corazón con tantas ansias y en donde podrás encontrar el rumbo hacia tu destino. —susurró y posó su mano sobre mis pechos.
—Cosmic, dejá de hacerte el pelotudo y sacale las manos de ahí —exigió Wandy y Cosmic se alejó con rapidez de mi cuerpo. —Helena, mi negra, tienes que encontrar el camino hacia la iluminación, hacia la salvación de tu alma. Reza conmigo el padre nuestro y tus pecados serán abducidos por el señor.
Abrí los ojos con enojo, pues sabía que sus palabras eran atacantes para mis creencias y de repente todo cambió. Me encontraba en otro lugar, en otro tiempo.
—¿D-d-dónde estoy? —pregunté con un extraño tartamudeo y me alejé de los seres mágicos. El lugar era enorme, como un pastizal lleno de objetos raros que no podía comprender, algunos con formas de penes gigantes, pedazos de mierda y senos maternos, y el cielo tenía unas extrañas líneas de colores nunca antes vistos.
—Ésta es tu parte escindida del Yo. Es aquel lugar en donde lo reprimido de tu infancia toma su bandera de batalla y arremete contra tu conciencia por las noches, —respondió Wandy y se acercó a mí con delicadeza — Te trajimos aquí porque la imaginación de la infancia tiene su máximo apogeo en este lugar y podrás sobrepasar las barreras de lo “real” con facilidad.
Miré a mi alrededor con impaciencia y comencé a notar que mucho de los objetos eran cosas de mi pasado. Sin embargo, Cosmic se dio cuenta de esto y me advirtió:
—No intentes entender lo que te rodea, ya que si lo haces desatarás una caja de pandora en tu mente que se volcará contra ti y te encerrará en este mundo para siempre, con estas… porongas locas que hay por acá y estas tetas gigantes de tu infancia. Sólo debes concentrarte en lo que te digamos y todo saldrá bien, conchuda.
Lo miré con un poco de miedo y sin embargo acepté sin más.
—Bueno, —dijo la teñida puta de Wendy mientras flotaba junto a Cosmic y me miraba con esa sonrisa de mierda tan característica de los seres mágicos. —Pon tus manos en posición de rezo y empieza a pensar tu cuerpo como un camino con millares de bifurcaciones en las que tu chakra recorre su camino hacia tu alma. En estos caminos se encuentran ciertas válvulas que fueron creadas por los seres malvados de mi mundo para mantenerte encerrada, y deben de ser abiertas para que tu energía fluya con total libertad.
La miré con cara de “qué pelotuda que sos” y le dije:
—¡Me lo hubieras dicho antes! ¡Esto lo vengo haciendo todos los fines de semana! Ustedes los seres mágicos son más pelotudos…
Y entonces puse mis manos en posición de rezo y la energía comenzó a fluir por mi cuerpo con rapidez. Era una sensación placentera, como un orgasmo constante, y luego sentí un poder nunca antes adquirido, como si mi mente estuviese completamente libre.
—Nunca sentí esto antes. ¿Acaso este lugar puede ser dador de tanta energía sexual que me permita expandir mi chakra a su máxima expresión? —pregunté con emoción, mientras sentía mi cuerpo salivar de porno y violación anal.
—Exacto. Aquí tus pulsiones sexuales hacen festines todos los días —dijo Cosmic y señaló a lo lejos. Allí se podía observar una gran cena, en la que en cada asiento se encontraba una pulsión y festejaban sin parar… ah re loco. No, pero hubiese estado bueno.
—¡¿Ahora qué hago?! —grité y miré a Wandy con preocupación, pues sabía que no debía malgastar el poco tiempo que a mi energía le quedaba.

sábado, 7 de mayo de 2011

Capítulo 3: Los padrinos

Mi padre me miró con aquellos ojos profundos como una bolsa de basura y esperó una respuesta.
—El chico me dio un pico nuevo porque el mío se rompió —respondí con miedo y le sonreí falsamente.
—No te juntes con Edward Potter, es un joven tan intrigante que los misterios de la estupidez de tu madre son nimios a su lado. —exigió con voz ronca y comenzó a comerse el choripán que mi madre le sirvió.
—Padre, has de saber que debo tener un esposo pronto, antes de que sea lo suficientemente grande como para lamentarlo, —dije y comenzó a reir.
—Dah, re pelotuda vos. Re que estamos en el siglo X después de Spider. Te faltan como 100 años para morir y al menos 80 en los que te podés casar. No me vengas con pelotudeces. —respondió y tomó de su copa con rapidez.
—Pero papá, Edward Potter es tan bello como flor, tan veloz como una gacela, perfecto como una mariposa en pleno vuelo —dije y una extraña melodía comenzó a sonar a lo lejos.
—Si lo planteás de esa forma menos todavía. No puedo concebir que tengas una imagen tan femenina de tu esposo. Voy a conseguirte un buen hombre, uno con un apronte y una riqueza digna de ser valorada —replicó, sin dar cuenta de la música que filtraba mis oídos como una atrapante canción de cuna, y luego me di cuenta de que el aparato mágico que me había dado Edward empezaba a vibrar. —Ve a tu habitación ahora y piensa sobre lo que has hecho. Bajá en una hora así volvemos al bello trabajo pesado de la mina.

Y así fue como me adentré en mi habitación y los vi: eran dos seres pequeños, brillantes, que volaban encima de mi cama y discutían sobre quién sabe qué. En un principio me paralicé, pero pronto comprendí que todo estaba conectado y me adentré sin más.
—¿WTF? —dije re loca y ellos se sobresaltaron. Eran bellos; uno tenía el cabello verde y una sonrisa encantadora, aunque su rostro denotaba cierta estupidez; y la otra tenía un largo cabello rosado, con cara intelectual, aunque parecía molesta por algo.
—¡Hola, Helena! ¡Somos los seres mágicos del mundo de las ideas, debemos llevarte al reino de los hombres lo antes posible! —dijeron con gran sincronía y comenzaron a volar a mi alrededor. Luego, la pequeña hada dijo con vehemencia: — ¡Debes aprender la técnica de la réplica de sombras ahora mismo y marcharte con nosotros!
—¿Mundo de las ideas? ¿Reino de los hombres? ¿De qué hablan? —pregunté y comencé a asustarme, pero sin embargo una gran confianza comenzaba a surgir de mi interior.
—¿Tienes el dispositivo mágico? ¿El digi-teletranportador? Debes usarlo luego de aprender la técnica para llegar al mundo virtual. —dijo el de pelo verde y empezó a volar con esquizofrenia sobre mí.
—Esperá, pelotudo. ¿No ves que la mina esta no entiende nada? —dijo la de pelo rosado y me miró. —Somos Cosmic y Wandy. Venimos del País del Nunca Jamás para llevarte al mundo Ideas. ¡Debes ayudarnos a combatir el mal! ¡Debes mantener el equilibrio que mantiene nuestros universos en constante movimiento para que no choquen entre sí! —exclamó y luego detuvo la respiración. Se la veía nerviosa. —Lo primero que debes hacer es concentrar tu Chakra y multiplicarte para dejar una copia de tu misma en este mundo. Luego podrás venir con nosotros a salvar a la humanidad. ¡Tú eres la elegida!
La miré con cara de “Te fumaste un porro” pero acepté la propuesta sin más preámbulos, ya que no tenía ganas de discutir con seres de otro planeta.

viernes, 6 de mayo de 2011

Capítulo 2: Húmeda y caliente

La primera vez que lo vi me hizo pensar en Robert Pattinson, pero como en este universo no existe tal cosa, pronto mis pensamientos tomaron otro rumbo. Era alto, hermoso, con la arquitectura de una empalizada cubierta de metal y grandes cantidades de cables eléctricos. Pero no tardé en darme cuenta de que lo que estaba viendo era una de las paredes del campo de concentración. Mierda.

—¿Vos sos Helena? —preguntó una voz melodiosa a mis espaldas y un aliento frío heló mi cuerpo con rapidez. Me di la vuelta y lo vi a él: era musculoso, simpático, alto, con un rostro tan perfecto que parecía… no sé, era perfecto, no jodan.
—Si —le dije mientras me mojaba toda y le sonreía como una pelotuda. —¿Qué desea, joven caballero? —pregunté sonrojada y miré para abajo.
—¿Eh? Nada, sólo te venía a entregar esta porquería de herramienta —dijo el muchacho y me dio un extraño aparato del futuro que se parecía a un consolador. —Ya vas a tener instrucciones de cómo usarlo, por ahora guardalo en secreto. —susurró y me dio la espalda. Caminó unos pocos pasos y se dio la vuelta de forma elegante, como si olvidase algo. —Ah, si. Y no hables de forma tan deforme.
Lo miré con gracia y sentí que mi corazón bombeaba con fuerza, como queriendo escapar hacia un paraíso infinito. Pero pronto volví a la realidad y seguí trabajando feliz y contenta, como siempre lo hacía.

A la tarde sonó el timbre de descanso y todos volvimos a nuestras insípidas y piojosas cabañas. Mi madre me miraba con curiosidad mientras caminábamos ya que mi cara no era la misma, pero como es tan pelotuda ni se daba cuenta de que estaba re caliente por un flaco. Al llegar, ella se puso a hacer café y yo me senté en la mesa, mirando hacia ningún lugar en específico. A los pocos segundos llegó mi papá y se sentó frente a mí, con esa panza de mierda que pudría mis ojos cada día que pasaba y me dijo:

—Hoy te vi con un chico…

Capítulo 1: Ah re loco

Eran las cinco de la mañana y desperté luego de un oscuro y nebuloso sueño en el que bebía las palabras del Señor con suma devoción de una copa mágica y los ángeles se posaban sobre mí con sus cuerpos alados y me cantaban canciones divinas. Desperté llorando; nunca había vivido algo tan traumático en mi vida.
Estuve un rato sentada en la cama, aturdida por la ironía y la incoherencia que mi mente había fabricado, y luego me vestí para ir al colegio. Me vi en el espejo una última vez antes de marcharme de mi habitación y pude ver aquel rostro vencido por el cancancio y la inmadurez de una chica de quince años que no comprendía al mundo como ella quería.
Bajé las escaleras de mi casa y pude ver a mi mamá preparando el desayuno.
—¿No es muy temprano para que te levantes, Helena? —preguntó mi mamá y sirvió otra taza de café.
— Aaaaa —respondí como zombi y me senté frente a ella con cara de pocos amigos. Sin embargo, ella sonrió como si nada y me dio la taza con un plato de galletitas dulces.
—¿Pasa algo, querida Helena? —preguntó al sentarse frente a mí.
—Me siento una puta, —respondí y respiré profundo. Aquellas palabras salieron de mi boca casi sin control.
—Es que quizás lo seas, ah re loco. ¿Qué es lo que sentís realmente, hija de Lumberto Lodalto VII? —indagó una vez más con impaciencia. Yo la miré con ganas de acuchillarla y respondí:
—Siento que tener una madre con desorden mental es lo más feo del mundo… Re garca la mina. No, lo que pasa es que siento que mi vida es nimia y que se sostiene por fibras tan pequeñas, sobre un abismo tan vasto, que casi son imperceptibles.
—No entiendo por qué decís tantas pelotudeces. Tu vida es agradable y llena de aventuras —dijo ella para levantarme el ánimo y tomó su taza de café rápidamente. —Bueno, apurate que tenemos que conseguir tres pepitas de oro hoy sino nuestro amo y señor nos azotará toda la tarde. Agarrá la pala, la ropa del trabajo y vamos.
Sus palabras eran rápidas y el miedo comenzaba a inundarle la voz. Me levanté de la mesa y agarré la ropa sucia que se encontraba en la puerta y me la puse con rapidez, pensando por qué sentía que mi vida era tan triste si todo marchaba tan bien.

De repente, una voz penetrante entró por la puerta, la cual se abrió de par en par con fuerza.
—WAAAAAAAA —gritó el hombre que se acercaba con pasos agigantados, tambaleándose por la borrachera, y se paró frente a mí. —¿Cómo anda mi bella hija? ¿Dormiste bien?
Lo miré con impaciencia y bajé la vista, ya que sabía que cualquier acto de rebeldía en mi hogar era una insolencia para el hombre.
—Si, señor —susurré con miedo y mi papá acercó su cara a la mía.
—Mirame a los ojos cuando me hablás, cara de pija —exigió con aquel rostro demacrado y lleno de cicatrices que tanto odiaba y me agarró los hombros con fuerza. Lo miré a los ojos rápidamente y sentí un escalofrío vibrar por mi cuerpo. —Vamos, poné cara de buena onda porque hay que laburar viteh —dijo y me dio uno de los picos que estaban colgados detrás de mí.
Mi madre y yo caminamos a sus espaldas con total normalidad. Yo tenía la mente en otro lado, preguntándome por qué me sentía tan mal si mi vida era tan feliz. Ella me miró un par de veces y sentía mi confusión, pero su pequeño retraso mental no la dejaba razonar lo suficiente como para hacer algo al respecto.
—Bueno, pedazos de mierda, llegamos a la mina. ¡A laburar que hoy quiero comer doble! —dijo el gordo hijo de puta de mi viejo y se fue tomar unos mates con el jefe del lugar. Yo empecé a pegarle con fuerza a las rocas macizas que se interponían en mi camino y al rato mi cuerpo comenzó a flaquear nuevamente. Sin embargo, poco faltó para darme cuenta de que lo que le faltaba a mi vida era alguien con quien compartir mi felicidad desmedida, alguien con quien gozar los placeres de minar día y noche para mi jefe y mi padre. Y allí fue donde todo comenzó.