lunes, 9 de mayo de 2011

Capítulo 5: Bucéfalo, el del pene grande.

—Debes dejar que se acabe todo tu Chakra. ¡Es la única forma de conseguir que el demonio de tu interior despierte! —gritó Wandy y se alejó de mí.
Al rato comencé a temblar, como si los límites que separaban mi cuerpo del exterior comenzaran a romperse y una extraña energía surgiese de adentro de mi alma como una prisión que se abría y dejaba libre a una criatura nunca antes vista.
—Debes soportar el dolor de parto, pequeña Helena. Esto es mucho peor que la menstruación —susurró Cosmic dentro de mi mente de alguna extraña manera mientras se desataba en mi interior una lucha por la supervivencia. Los seres mágicos se arrodillaron; Wandy detrás de mí y Cosmic adelante. Ambos pusieron sus manos sobre el suelo y unas extrañas líneas comenzaron a surgir. El dolor era penetrante y acongojador, pero no podía moverme para escapar.
—¡Hoy debe despertar la criatura elegida! ¡Es la hora de tu resurrección: Pegaso! —gritaron los padrinos a la vez y una luz enceguecedora nubló mi visión por un largo rato.
En toda esa nebulosa de rayos catódicos de la san puta lo único que pude hacer es escuchar el rechinar de un caballo; un rechinar oscuro y salvaje. Y cuando todo se volvió claro lo vi: era un caballo oscuro, más oscuro que el Riachuelo, y en su rostro se veían las cicatrices más horrendas. Su musculatura era descomunalmente perfecto y su tamaño era óptimo, perfecto para mí, más sus alas, llenas de un plumaje extraño, causaban una extraña impresión de vértigo.
—¡Holy Shit! —dije y me quedé paralizada.
—Soy Bucéfalo, el legendario pegaso de Alejandro Magno. Fui encerrado en tu cuerpo hace más de dos mil años luego de la Batalla de Hidaspes en manos de Darío III. —musitó y se acercó a mí. —Todo comenzó en el momento en que Darío estaba por morir…
—Ah ya, no me importa tu historia de mierda —comenté interrumpiendo su monólogo molesto. —¿Qué carajo significa que estuviste en mi cuerpo dos mil años? —pregunté seriamente y pasé mis manos por sus alas mientras caminaba a su alrededor
—Tu cuerpo ha estado encerrado en el purgatorio durante miles de años, esperando nacer. Dios te ha mantenido ahí para convertirte en la soldado perfecto de su ejército, un alma completamente purificada, utilizada para destruir los otros mundos en aras de proteger la realidad del hombre. —respondió el caballo negro sucio y rechinó —Sin embargo, esto no es más que una paranoia de Dios, una paranoia creada en el momento exacto del séptimo día de su descanso, una vez que se dio cuenta de la cagada que se mandó al crearlos, y como se creía re perfecto, lo mejor que hizo su mente fue condenarlo a pensar que ustedes era su creación más perfecta.—Sus palabras eran claras, penetrantes, envainadas de boludeces más allá de lo razonable. —Pero en cuanto Darío me encerró en tu cuerpo todo cambió; ahora podemos derrotar al ejército de Dios que quiere acabar con la vida en el mundo Idea.
—Qué argumento de mierda tiene esta historia, pero bueno, dale. ¿Entonces qué debo hacer? —pregunté y todos me miraron con impaciencia.
—Eso lo sabrás luego, ahora utiliza mi energía para multiplicarte en la realidad del hombre y luego zarpemos hacia el infinito y más allá.

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