Mi padre me miró con aquellos ojos profundos como una bolsa de basura y esperó una respuesta.
—El chico me dio un pico nuevo porque el mío se rompió —respondí con miedo y le sonreí falsamente.
—No te juntes con Edward Potter, es un joven tan intrigante que los misterios de la estupidez de tu madre son nimios a su lado. —exigió con voz ronca y comenzó a comerse el choripán que mi madre le sirvió.
—Padre, has de saber que debo tener un esposo pronto, antes de que sea lo suficientemente grande como para lamentarlo, —dije y comenzó a reir.
—Dah, re pelotuda vos. Re que estamos en el siglo X después de Spider. Te faltan como 100 años para morir y al menos 80 en los que te podés casar. No me vengas con pelotudeces. —respondió y tomó de su copa con rapidez.
—Pero papá, Edward Potter es tan bello como flor, tan veloz como una gacela, perfecto como una mariposa en pleno vuelo —dije y una extraña melodía comenzó a sonar a lo lejos.
—Si lo planteás de esa forma menos todavía. No puedo concebir que tengas una imagen tan femenina de tu esposo. Voy a conseguirte un buen hombre, uno con un apronte y una riqueza digna de ser valorada —replicó, sin dar cuenta de la música que filtraba mis oídos como una atrapante canción de cuna, y luego me di cuenta de que el aparato mágico que me había dado Edward empezaba a vibrar. —Ve a tu habitación ahora y piensa sobre lo que has hecho. Bajá en una hora así volvemos al bello trabajo pesado de la mina.
Y así fue como me adentré en mi habitación y los vi: eran dos seres pequeños, brillantes, que volaban encima de mi cama y discutían sobre quién sabe qué. En un principio me paralicé, pero pronto comprendí que todo estaba conectado y me adentré sin más.
—¿WTF? —dije re loca y ellos se sobresaltaron. Eran bellos; uno tenía el cabello verde y una sonrisa encantadora, aunque su rostro denotaba cierta estupidez; y la otra tenía un largo cabello rosado, con cara intelectual, aunque parecía molesta por algo.
—¡Hola, Helena! ¡Somos los seres mágicos del mundo de las ideas, debemos llevarte al reino de los hombres lo antes posible! —dijeron con gran sincronía y comenzaron a volar a mi alrededor. Luego, la pequeña hada dijo con vehemencia: — ¡Debes aprender la técnica de la réplica de sombras ahora mismo y marcharte con nosotros!
—¿Mundo de las ideas? ¿Reino de los hombres? ¿De qué hablan? —pregunté y comencé a asustarme, pero sin embargo una gran confianza comenzaba a surgir de mi interior.
—¿Tienes el dispositivo mágico? ¿El digi-teletranportador? Debes usarlo luego de aprender la técnica para llegar al mundo virtual. —dijo el de pelo verde y empezó a volar con esquizofrenia sobre mí.
—Esperá, pelotudo. ¿No ves que la mina esta no entiende nada? —dijo la de pelo rosado y me miró. —Somos Cosmic y Wandy. Venimos del País del Nunca Jamás para llevarte al mundo Ideas. ¡Debes ayudarnos a combatir el mal! ¡Debes mantener el equilibrio que mantiene nuestros universos en constante movimiento para que no choquen entre sí! —exclamó y luego detuvo la respiración. Se la veía nerviosa. —Lo primero que debes hacer es concentrar tu Chakra y multiplicarte para dejar una copia de tu misma en este mundo. Luego podrás venir con nosotros a salvar a la humanidad. ¡Tú eres la elegida!
La miré con cara de “Te fumaste un porro” pero acepté la propuesta sin más preámbulos, ya que no tenía ganas de discutir con seres de otro planeta.
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