miércoles, 11 de mayo de 2011

Capítulo 6: Mundo Idea

Entonces cerré los ojos y todo volvió a la normalidad al abrirlos. Allí estaba yo, en mi habitación, frente a los seres mágicos del Nunca Jamás.
—Al menos soy una bella dama esta vez —dijo una voz muy parecida a la mía a mis espaldas y giré con brusquedad. Entonces me ví a mí misma, como si un espejo gigante estuviese frente a mí, y mi sombra me miraba con una malévola sonrisa. —La última vez que fui la copia de alguien quedé disgustada por su deformidad. Pero tu eres bella. —dijo y giró su cabeza como si yo estuviese completamente loca.
—WOOOOOOOOOOWW CHABÓN!!! QUÉ LIMADO!!! —Dije emocionada y miré a mis padrinos —¡No voy a tener que ver más al gordo pedorro de mi viejo! —y miré nuevamente a mi copia —¿Pero vas a poder actuar sin que se den cuenta de que no sos yo?
—Vos fumá. Ya sé todo de vos: Que sos de Racing, que te gusta mirarte al espejo y hacer cara de pelotuda, que te bañás con jabón día por medio, que cada vez que pensás en un hombre te metés la m…
—Bueno, listo. Ya entendí —musité sonrojada y giré nuevamente hacia mis padrinos. —¿Ahora cómo sigue esto? —pregunté y ellos me sonrieron.
—Es hora de elegir la pastilla. ¿Cosmic? —dijo Wandy como en una orden y el peliverde sacó dos píldoras; una de color rojo y una azul. —Elegí. Una es de frutilla y la otra de uva.
Las miré con determinación, sin saber cuál elegir. Pasé mi vista por la píldora roja y pronto recordé la primera vez que rompí mi himen con el cepillo de diente. El recuerdo me excitó, pero también pude memorar , gracias a la píldora azul, aquella tarde en la que rompí mi himen con las llaves de la casa. Fue entonces cuando entré en una gran confusión ¿Acaso fueron las llaves o el cepillo de dientes?
—Dale pelotuda, dejá de pensar en forreadas y agarrá una píldora. —dijo Wandy y me pegó en la cabeza.
—¡YA VA, HIJA DE PUTA! —grité y agarré las dos píldoras y me las metí en la boca —¿Y ahora?

ASODNOAFUNISUDANSDDDDDDDDDDDDDDUFFFFFFFFFFFFFFF PLAFFFF ASIOASD (No tengo otra forma de describirlo)

Y aparecí en el mundo Idea, un pastizal que se extendía hacia el horizonte de formas tan geométricamente incalculables que ni sé qué carajo estoy diciendo. Sin embargo, al mirar para adelante y lo vi a él, en un hermoso caballo blanco, esperándome; Edward Potter, el más hermoso de los hombres.
—Buenos días, noble Helena. Seré tu acompañante hasta el reino de los hombres. Subite a mi caballo, baby —dijo y me guiñó el ojo. Yo le sonreí así mal y me agarré de su espalda lo más fuerte posible. Los padrinos sobrevolaban los cielos a nuestras espaldas, siguiéndonos, y yo sentía el calor de mi amado en el rostro.
—Edward Potter, ¿Cómo es que todos estos años has estado escondiéndome tal secreto? —pregunté de forma honorable mientras cabalgábamos lentamente por un camino pedregoso.
—Es que no podemos hablar de nuestros secretos ni usar nuestros poderes en el mundo de los mortales. —respondió con alegría. Sus cabellos dorados brillaban con la luz radiante de aquel mundo.
—¿Y cuál es el poder con el que usted honra estas tierras? —pregunté con ansiedad y me apreté con mayor fuerza todavía.
—Soy un vampiro mago —dijo por fin y mis pensamientos dieron un vuelco.

No hay comentarios:

Publicar un comentario